La incorporación de sistemas de riego tecnificado representa una herramienta importante para mejorar el control sobre la forma en que el agua es conducida, distribuida y aplicada a los cultivos. Sistemas como el goteo, la microaspersión o la aspersión permiten administrar variables que en métodos tradicionales pueden resultar más difíciles de controlar. Sin embargo, disponer de esta tecnología no significa automáticamente que el agua esté siendo utilizada de manera eficiente.

La eficiencia depende también de cómo fue diseñado el sistema, de sus condiciones reales de operación, de la mantención de sus componentes y, especialmente, de que la cantidad y frecuencia del riego respondan a las necesidades del cultivo. Por esta razón, para conocer el desempeño de un sistema no basta con identificar qué tecnología utiliza: también es necesario medir cómo está funcionando.

¿Qué entendemos por riego tecnificado?

La tecnificación del riego incorpora infraestructura, equipos y sistemas de control que permiten manejar con mayor precisión la conducción, distribución y aplicación del agua. La Comisión Nacional de Riego (CNR) aborda dentro de sus materiales de capacitación aspectos como el diseño, la programación, la operación y la mantención de sistemas de riego presurizado y gravitacional tecnificado.

Entre los sistemas presurizados se encuentran tecnologías ampliamente utilizadas como el riego por goteo, la microaspersión y la aspersión. Su funcionamiento permite controlar variables como presión, caudal, frecuencia y tiempo de aplicación, ofreciendo mayores posibilidades para ajustar el riego a las características del cultivo y del predio.

Pero precisamente porque intervienen diferentes componentes y variables, su correcto funcionamiento depende de algo más que la instalación de los equipos. La selección de emisores, por ejemplo, debe considerar características del suelo, topografía, clima y cultivo, mientras que su operación debe permitir una distribución suficientemente uniforme del agua. La CNR identifica la uniformidad de distribución como uno de los principales requerimientos para el correcto desempeño de estos sistemas.

¿Dónde puede perderse eficiencia?

Un sistema de riego tecnificado puede presentar diferencias entre las condiciones para las cuales fue diseñado y aquellas en las que efectivamente está operando. Variaciones de presión, obstrucciones en los emisores o filtros, roturas en la red y problemas de mantención pueden modificar los caudales y afectar la distribución del agua.

El Manual de Operación y Mantención de Sistemas de Riego Tecnificado del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) señala que los cálculos de programación no deberían considerar únicamente el caudal nominal informado por el fabricante, sino también el caudal promedio de los emisores bajo sus condiciones reales de funcionamiento. Esto se debe a que el desempeño puede variar como consecuencia de problemas de presión, taponamientos, estado de los filtros o roturas de la red.

Por ello, variables como el caudal, la presión y la uniformidad permiten obtener información sobre el funcionamiento efectivo del sistema. Un equipo puede estar instalado y operando y, al mismo tiempo, presentar diferencias importantes en la cantidad de agua que reciben distintos sectores del cultivo.

Uniformidad: no basta con entregar agua

Uno de los conceptos fundamentales para evaluar un sistema de riego es la uniformidad. En términos simples, permite analizar qué tan homogéneamente se distribuye el agua dentro de una determinada unidad de riego.

Si algunos emisores entregan más agua y otros considerablemente menos, determinadas plantas pueden recibir cantidades diferentes aunque todo el sector haya sido regado durante el mismo período. Esto puede generar sectores con exceso o déficit de agua y disminuir el desempeño general del sistema.

La evaluación de los caudales de los emisores permite calcular indicadores de uniformidad y detectar diferencias que no siempre son evidentes mediante una simple inspección visual. INIA utiliza precisamente la medición de caudales y la eficiencia de uniformidad como herramientas para evaluar sistemas de riego localizado.

También importa cuándo y cuánto regamos

Incluso un sistema que distribuye el agua de manera uniforme puede ser utilizado de forma inadecuada si la programación del riego no responde a los requerimientos del cultivo. La eficiencia hidráulica del sistema y la decisión agronómica sobre cuándo y cuánto regar son dimensiones relacionadas, pero diferentes.

La programación del riego busca determinar la cantidad de agua que debe aplicarse y el momento adecuado para hacerlo. Para ello pueden considerarse variables como la evapotranspiración, las características del cultivo, las condiciones meteorológicas, el suelo y la información obtenida mediante sistemas de monitoreo.

La FAO destaca que el monitoreo y el registro de información permiten comparar el comportamiento observado con la programación establecida y realizar ajustes. De esta manera, la información obtenida en terreno se transforma en una herramienta para mejorar progresivamente las decisiones de riego.

 

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Medir para conocer el desempeño real

Si la tecnología por sí sola no permite determinar si un sistema está funcionando eficientemente, la medición adquiere un papel fundamental. Conocer las presiones de operación, medir los caudales entregados por los emisores, evaluar su uniformidad y revisar el estado de los componentes permite pasar de una percepción sobre el funcionamiento del sistema a información concreta para tomar decisiones.

Esta es precisamente una de las funciones de las evaluaciones o auditorías de riego: observar el funcionamiento del sistema bajo condiciones reales, identificar posibles diferencias respecto de su diseño y detectar oportunidades de mejora en su operación y mantención.

El objetivo no es únicamente identificar fallas. Una evaluación también puede permitir reconocer qué componentes están funcionando adecuadamente, establecer una línea base y entregar antecedentes para ajustar la programación, priorizar mantenciones o evaluar futuras inversiones.

Tecnificar es una herramienta; gestionar eficientemente es el objetivo

La tecnificación ha ampliado significativamente las posibilidades de controlar la aplicación del agua en la agricultura. Sin embargo, los beneficios potenciales de estos sistemas dependen de que la tecnología sea adecuada para las condiciones del predio y de que exista capacidad para operarla, mantenerla y ajustar su funcionamiento.

Por esta razón, hablar de eficiencia hídrica requiere observar el sistema completo. Infraestructura, diseño, presión, caudal, uniformidad, programación, características del suelo, requerimientos del cultivo y monitoreo forman parte de una misma gestión.

La pregunta relevante, entonces, no es únicamente si un predio cuenta con riego tecnificado, sino cómo está funcionando ese sistema y qué resultados está obteniendo con el agua utilizada. Esta última pregunta abre además una dimensión más amplia de la gestión del recurso: la productividad hídrica y el valor generado por cada metro cúbico de agua.

Sobre el Programa

El Programa Transforma Eficiencia Hídrica Sostenible Atacama, iniciativa de Corfo, promueve la incorporación de conocimiento, innovación y soluciones que contribuyan a fortalecer la gestión sostenible del agua en los sectores productivos de la Región de Atacama. A través de la articulación entre actores públicos y privados, busca generar capacidades y promover iniciativas adaptadas a las características y necesidades del territorio.

Fuentes y lecturas recomendadas

Riego Tecnificado – Comisión Nacional de Riego
Manual de Operación y Mantención de Sistemas de Riego Tecnificado – SAG
Riego y Evapotranspiración – INIA
Cómo programar y ajustar los riegos en base al monitoreo – FAO
Irrigation Management – FAO